Caza

carbón-al-fondo-horno-metálico-transportable carbón-horno-de-ladrillo carbón-limpieza_1 carbón-limpieza_2 carbón-limpieza_3 carbón-envasado carbón-vetal-para-barbacoa carbón carbón_1 carbón_2 horno-de-ladrillo-envasado-del-carbón horno-de-carbón-y-montones-de-leña horno-de-ladrillo-llenado-con-tractor-pala horno-de-ladrillo-llenado-con-tractor-pala_2 horno-de-ladrillo-llenado-con-tractor-pala_3 horno-de-ladrillo-llenado horno-de-ladrillo-llenado_2 horno-metálico-transportable parva-carbonera-tradicional parva-construcción-de-carbonera-tradicional_1 parva-construcción-de-carbonera-tradicional_2 parva-construcción-de-carbonera-tradicional_3

 

 

La caza ha sido una actividad practicada por el hombre a lo largo de la historia, ya sea para la obtención de alimento o como actividad de ocio.

En la actualidad, la caza tiene un estricto fin deportivo y se ha convertido en uno de los recursos generadores de empleo y riqueza en numerosas áreas de dehesa.

Se practica en terrenos acotados y está regulada por una serie de leyes y normas de obligado cumplimiento. Sólo está permitida sobre las especies consideradas como cinegéticas.

La caza mayor, organizada  principalmente a través de monterías, afecta sobre todo a ciervos y jabalíes, incluyéndose en esta modalidad, el uso de cuadrillas o jaurías de perros, también llamadas rehalas o recovas.

La caza menor afecta a conejos, perdices, liebres, tórtolas, palomas torcaces y otras especies.

Todas estas especies tienen un alto valor ecológico incrementando la biodiversidad de estos ecosistemas.

Tenemos que entender la caza como un recurso más de la dehesa, por lo que debe mantenerse como una actividad compatible con el resto de aprovechamientos y en equilibrio con la conservación del medio ambiente.